Sobrevive al duelo.

Cuando era pequeña, oía a mis mayores decir que nada es por casualidad, frase que apenas entendía pero que me ayudaba a dar vueltas a mi inquieta cabecita buscando un porqué. Si mis resultados académicos no eran buenos, oía esa frase, si algo no salía como esperaban los demás, esa expresión volvía a repiquetear en mis oídos… Si algo me frustraba… lo mismo.

 Fue necesario el paso del tiempo para comprender el significado de esa sentencia. Te cuento el por qué. Nunca me “agradó” demasiado el tema de los cambios, las pérdidas, los duelos… me imagino que a ti te pasa lo mismo. Sin embargo fue la “causalidad” quien decidió, que de alguna forma lo investigara para poder afrontar estas situaciones y ayudarme a mí misma y a los demás dentro y fuera de la consulta. Te explico.

 Mi vida como la tuya, ha estado y está llena de pequeños y grandes duelos. Y el duelo… duele. Es una parte del proceso de elaboración de cualquier tipo de pérdida. Al elaborarlo, avanzamos hacia la aceptación de la ausencia de lo que hemos perdido, separándonos de lo que quedo atrás, y ello nos permite ir hacia adelante.

 Recuerdo, el duelo de la mudanza o cambio de casa, en la que dejé atrás parte de mis jóvenes vivencias, recuerdos, energía impregnada por cada una de las paredes de lo que fue, hasta ese momento, mi hogar. Allí se quedaron grabados de alguna forma, mis primeros pasos, las primeras desavenencias con los padres y hermanos, la ilusión de recibir los regalos de Navidad y de Reyes, las promesas incumplidas, los sueños, la magia del juego, las largas conversaciones telefónicas a escondidas de los oídos curiosos. En definitiva, esas paredes han sido durante muchos años, mis cómplices. Si las paredes hablaran…

 Fíjate! ese lugar que hasta este momento había considerado mi casa, mi refugio, en cuestión de pocas semanas, cuando me trasladé a otro sitio, ya sin muebles, ni pertenencias, se transformó en el gran desconocido. Por lo menos es la sensación que yo he tenido cuando he regresado. No sentía lo mismo. Solo la nostalgia me acompañaba con sus recuerdos… En ese momento, supe que ése, ya no era mi sitio. Creo que algo parecido sucede cuando una relación de pareja se termina. Él o ella, se convierten en auténticos desconocidos, a pesar de todo lo que se ha compartido, sea bueno o no…. Que delgada es la línea entre el amor y la indiferencia!, ¿verdad?

 Mas duelos que pasé y que pasan desapercibidos restándoles importancia… ¿Recuerdas el cambio de colegio? Qué penita! tener que separarme de mis compañeros de clase, de los profes, de mi pupitre, de mi comedor tan odiado y a veces tan deseado por mi estómago, de los rincones secretos del recreo, del patio de patinar, de la zona de juegos como: el escondite, el churro, saltar la comba y a la goma, jugar al rescate…. los momentos vividos con mi amiga del alma, y que compartía bocadillo y lágrimas, esperanzas y sueños, canciones y películas, suelo y columpios, juegos y bailes, amores y desamores….

 ¿Y cuando franqueaste la barrera de niñ@ a adolescente y después a adult@?, también supone el amargo pero interesante paso de dejar una “etapa loca, cambiante y ajustadora”, para entrar en el ansiado pero temido mundo de los adultos, aceptando los cambios y las responsabilidades que ello conlleva. Pero siempre acompañados de la sombra del Dragón del miedo. Miedo a decidir qué hago con mi vida, y aderezados con la amenaza del fantasma “YSI”, “¿y si me equivoco en la elección?… y ¿si no lo sé hacer?… y ¿si no sirvo?”… Hemos pasado de ser valientes emprendedores en busca de la aventura de la vida, a temblorosos príncipes dolientes, de vivir la propia vida.

 Existen otros duelos, casi imperceptibles a la consciencia, bien porque no les damos importancia, bien porque estamos habituados a verlos a nuestro alrededor. Sin embargo también implican un cambio, una pérdida, una adaptación. Por ejemplo cuando perdemos la salud o ésta se ve deteriorada; cuando finaliza una amistad; la pérdida de la posición social o la independencia económica independientemente de la causa tan habitual hoy día; al crecer, al madurar, al envejecer, en la perdida de algún objeto o de alguna persona, en la inevitable transformación interna y externa del cuerpo, en el cambio de lugar de trabajo; de veraneo; de rol dentro de la familia y lo que ello implica; ante el compromiso, el fracaso de una relación, el cambio de roll. Es decir, pasamos de vivir desempeñando el papel de hij@s a espos@s, de espos@s a madres/padres, de madres/padres a abuel@s…. En este camino se nos olvida o simplemente pasan a un segundo plano, nuestros objetivos y metas…

 Con el tiempo, me he dado cuenta de algo que se les olvidó detallarme a mis mayores; y es que, todo cambio que realizamos en la vida, lleva de la mano un duelo, puesto que éste es la consecuencia del apego. Es decir, esa sensación que tenemos de pertenencia a un sitio, a una situación o a una persona. Incluso cuando soy yo quien toma la decisión de ejecutarlo… parece, que duele menos, que es menos traumático… pero no te engañes… También duele.

 Todas estas causalidades y muchas más que seguro también tú estás recordando, junto con la dificultad añadida de no saber afrontarlas, me llevó a tomar la decisión dedicarme a investigar todo estos duelitos y buscar la forma de ayudarme a mí mismo y a los demás, a aliviar ese insistente dolor que se produce. Con el tiempo aprendí a situar esas emociones en su lugar, formando parte de mi presente la experiencia vivida… El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid me dio la oportunidad de poder transmitir mis conocimientos y experiencias a todo aquel que estuviera interesado en este tema que… no está entre los favoritos, pero que en estos tiempos que vivimos cada vez es más un convidado de piedra en nuestras vidas.

 …Con el tiempo, y acompañada siempre de la perseverancia y de la curiosidad, entiendo cada vez más el miedo que persiste a esos cambios, al soltar, a lo nuevo y desconocido. Nos ayudan a sentirnos vulnerables, desprotegidos, inseguros… y que hacen que la primitiva angustia de muerte, repiquetee de forma sutil en nuestros corazones.

 Quizás, no es por casualidad que tengas este libro entre tus manos.

 Mientras lo escribo, no debe ser casualidad que mí querida abueli decidiera emprender ese viaje sin retorno del que todos poseemos pasaje. Acostumbrada a su sentido del humor, quizás pensó que ya que me interesaba tanto este tema, era hora de practicar de nuevo las técnicas que hacía tiempo no utilizaba y que ahora te muestro. Así no pasaría sola mi duelo, sino que lo compartiría contigo.

 Te invito a que me acompañes en esta aventura para aprender a tratar con el respeto, la comprensión y el cariño que merece, a ese convidado de piedra… Que además forma parte de nuestro propio ciclo vital, y aparece de forma impertinente cuando…. No es por casualidad….

Fragmento de “Sobrevive al duelo” de Editorial Ediciones B de México.

https://esthervaras.wordpress.com/mis-libros/

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