Entre mujeres…

“Siempre voy a recordar con especial cariño, aquellas conversaciones interminables de domingo por la mañana en casa de mi “abueli”, ya fuera invierno o verano, hiciera frío o calor.

 Si reinaba el frío del invierno, nos sentábamos en la pequeña sala de estar, con las paredes empapeladas de recuerdos del pasado, con las fotos de su juventud y de toda su familia, de esperanzas futuras con los retratos de los nietos y biznietos… la siguiente generación!!. El pequeño cuarto alberga las antiguas sillas de madera con sus cubresillas de color rojizo que en su día, hacían juego con las cortinas, de más de cuarenta años!. Ahora cuando las miro, la nostalgia de mi propia infancia viene a mi mente cual brisa marina en la orilla del mar… recuerdo que siempre que visitaba a mis abuelos, esa pequeña sala estaba tal y como ahora la veo. Por un instante parece que el tiempo se ha tomado un descanso.

 En verano, salimos a la estupenda terraza, santuario de las interminables horas solitarias de mi abuela donde su acompañante es la brisa de su querido Madrid, el sol y sus innumerables recuerdos de toda una vida vivida.

 En ambos rincones de su casa, rodeadas de un ambiente mágico, pasamos mucho tiempo reflexionando, riendo fruto de sus bromas, antiguos refranes y chascarrillos teñidos con su personal humor inteligente, y recordando tiempos anteriores, unas veces mejores y otras peores, pero siempre siendo los protagonistas de los acontecimientos. Cada una reflexionamos a nuestra manera, hablando y analizando nuestra infancia, nuestra juventud y en el caso de mi abuela, su madurez y su vejez, yo todavía no he llegado a esas estaciones. Han sido sus experiencias y análisis sobre la vida, las que me han conducido a plantearme, si aprendemos algo en los años que vivimos, cómo los vivimos, qué buscamos… preguntas, para algunas personas difíciles de responder y evidentes para otras, pero no por ello menos importantes.

 A veces, me siento como “caperucita roja” en el famoso cuento, llevando “alimentos” a casa de mi abuelita. En mi cesta, llevo manjares muy especiales, los denominaría “alimentos para el alma”, como son: kilos de amor, varios sobres de comprensión y alguna pastilla de compañía. Preciosos regalos que las personas mayores y aquellas que no lo son tanto pero están solas, aprecian cual valioso tesoro. A diferencia del cuento, mi cesta, de vuelta a casa, también viene repleta de grandes tesoros para mí. Son pequeñas piezas del puzzle de mi vida, que me han ayudado a comprender a mi familia, a mis padres, hermanos y a mí misma. Esa cesta que cada día me llevo de regreso a mi casa en mi corazón, pesa mucho mas de lo que yo creía que dejaba en casa de mi abueli, con el tiempo, he comprendido que cuando estamos solos, cuando vivimos solos, independientemente de la edad que tengamos, saber que hay alguien que se preocupa de uno, o que esta pendiente de uno, es el mejor alimento para nuestro corazón y para nuestra alma.

 A través de estas horas de conversación con mi abueli, me di cuenta, que todos, a partir de cierto momento en la vida, en el que nos sucede un acontecimiento determinado, recordamos que somos buscadores. Salimos a “buscar” para encontrar y aceptar nuestra Humanidad, junto a los sentimientos, las emociones y las mascaras, que nos hemos puesto… aprendiéndolo en la Gran escuela que es la Vida, y junto a las decisiones y elecciones que tomamos.

 Cada uno, aprendemos una lección más o menos dolorosa en el momento adecuado, pero una vez aprendida, dejamos de ser esa “máscara”  y vamos re-encontrando nuestra Humanidad, aunque he de reconocer, que en otros casos, es una falsa humanidad, quizás con tiempo y paciencia, se den cuenta de ello, pero de alguna forma recuperamos la magia que flota siempre a nuestro alrededor…

 Recordando las sabias palabras de Teresa de Calcuta, “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar seria menos si le faltara una gota”… Mi “gota” en este extenso mar que es la vida, es transmitiros mi experiencia a través de los libros, las consultas y los seminarios, por ello, en este texto, os invito a que me acompañéis a realizar un viaje en forma de reflexión, partiendo de un momento de crisis, y recorriendo el camino hacia la recuperación de nuestra propia esencia humana. Vamos a pasar por la estación de la búsqueda, por la estación del re-encuentro, por la del deseo de recuperar cada uno nuestra magia y apearnos, por fin, en la estación donde reconocemos nuestra humanidad, nuestra esencia más pura, nuestro Ser.”

 Extracto del libro “Caramba soy Humano!!!  

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Libros, Reflexiones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s